miércoles, 9 de abril de 2008

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

Esta es una nota con la que nos sentimos muy identificados!! Seguramente a todos nos pasa o nos pasó en algún momento este dilema...¿trabajar para vivir o vivir para el trabajo??.....






El dilema está instalado y es más común de lo que se supone. Ser absorbido por un trabajo es muy habitual en esta sociedad moderna. Resignar relaciones, tiempos y hasta necesidades básicas provoca situaciones no deseadas para quienes sufren las consecuencias de un empleo demandante. “¿Vivo para trabajar o trabajo para vivir?”, se pregunta más de un profesional.

Pero detrás de lo que podría ser un simple juego de palabras, existe una problemática real: las empresas ganan terreno sobre la vida familiar de las personas. La vorágine social impulsa que haya jornadas laborales más extensas y provoca cambio de hábitos, crisis de valores y replanteo de prioridades. La tendencia se acentuó en los 90, cuando surgió en escena una palabra mágica que modificó el escenario laboral: full time.
Mucho tiene que ver con la famosa dedicación ‘full time’, el teléfono abierto a cualquier hora y por cualquier tema. Quizá, esa persona logra permanecer efectivamente, cosa que es muy difícil, sólo 8 horas en la empresa, pero, a veces, el puesto que ocupa siempre lo obliga a estar pendiente de un llamado. Entonces, de alguna manera, sigue trabajando. Y eso incide en su relación familiar”, explica Mariela Bedini, coordinadora Regional de Selección de la consultora Sesa Select.

Esta realidad queda en evidencia en un estudio realizado por el Centro de Investigación CONFYE (Conciliación Familia y Empresa) del IAE –Escuela de Negocios de la Universidad Austral–, que indica que los ejecutivos, a pesar de reconocer a la familia como la principal fuente de satisfacción personal (71%), sólo destinan 15,9 horas semanales promedio a atender los asuntos familiares, mientras que ocupan 49,2 horas por semana para el trabajo. Además, el 54% admite que sigue pensando en sus cuestiones profesionales fuera de los horarios laborales.

Entre la espada y la pared

Rubén Figueiredo, profesor de Comportamiento Humano e investigador de Confye, admite que “muchas veces las personas que trabajan se ven en la encrucijada de tener que optar entre su familia y su trabajo”. Y agrega: “Y desde la empresa también se sufre la falta de motivación, crece el ausentismo, hay poca creatividad y mal clima organizacional, esto termina afectando el compromiso del empleado, el prestigio institucional y la productividad de la empresa”.

¿La culpa es de las ‘laptops’ o de los celulares? “No, el peor enemigo está dentro de uno mismo”, dispara Ariel Castiglioni, especialista en Recursos Humanos. Y arroja la paradoja: los que más sufren son los profesionales que son apasionados por lo que hacen. “Es una gran dificultad, porque se les complica separar las aguas. El punto de los lugares físicos es clave. Una persona puede estar con su familia, pero con una preocupación laboral en la cabeza. Todo se les mezcla. Cómo desconectarse de su tarea diaria es la misión”, agrega.
Al respecto, los expertos destacan que se trata de ubicar prioridades y de qué manera se concientiza esa persona. La experiencia indica que, muchos de ellos, cuando son más maduros se arrepienten. Por eso, se considera que su círculo más íntimo aparecen como un “ancla”.

Guillermo Fraile, profesor de Finanzas, padre de 11 hijos e investigador, aporta su mirada y añade: “La familia parece tener exigencias más a largo plazo y postergables en el momento. El problema de la dedicación full time se presenta muchos años después, por el reclamo de algún miembro de su familia. Ahí se llega a la conclusión de que se cometió un error”.
“Es que muchos se acuerdan tarde y quizá en el medio se separaron, y se quedaron sin el pan y sin la torta”, comenta Castiglioni. Por eso, recomienda realizar un trabajo interno. ¿De qué manera? “Una persona que no sabe liderar su vida, come, fuma y es desordenado, menos puede dirigir una vida profesional y menos un equipo”, detalla el consultor.

Y el mundo, ¿a qué ritmo se mueve?

Mientras en América Latina prevalecen las largas jornadas laborales, en Europa la preocupación pasa por buscar herramientas para reducir las horas que los empleados están en sus oficinas, flexibilizar los horarios y potenciar el teletrabajo.

A propósito, una anécdota puede servir de ejemplo. Años atrás, un ejecutivo argentino se sorprendió cuando, trabajando en Nueva York en una importante compañía, fue observado por un superior por quedarse después de hora a trabajar, quien le dijo: “El que no es capaz de hacer su tarea en sus nueve horas, quiere decir que algo está haciendo mal”.


FUENTE: www.psicofxp.com

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